En los montes de Aragón,
donde se cría el romero,
también se criaban dos,
una dama y un mancebo.
Mucho se quieren de niños,
de grandes lo mismo hicieron;
sus padres no se la daban,
sus padres no se la dieron,
sus padres no se la daban
porque era pobre el mancebo.
Él se fue a lejanas tierras
por ver si la aborrecía,
y allí se estuvo siete años
y olvidarla no podía.
De los siete pa los ocho
para su casa volvía;
al tropezar un cantón
y al revolver de una esquina,
don Juan ha encontrado un niño,
la edad de ocho años tenía.
-Dime niño, dime niño,
dime por toda tu vida,
dime si se habrá casado
Angelina de Medina.
-Hoy se casa, hoy se esposa,
hoy dará el sí la niña;
con el galán que se casa
a gusto de ella no iba.
Todos marchan para casa
con gran pompa y alegría,
todos comen, todos beben,
y la niña no comía.
La sacaron de paseo
por ver si la divertían,
y en el medio del paseo
muerta se cayó la niña.
La cogió su esposo en brazos
y a su casa la volvía,
y el lunes por la mañana
iban a enterrar la niña.
Al tropezar un cantón
y al revolver una esquina
don Juan ha encontrado un niño,
la edad de ocho años tenía.
-Dime niño, dime niño,
dime por toda tu vida,
dime dónde está enterrada
Angelina de Medina.
-Junto a la cruz que relumbra,
junto a la Virgen María.
Ató el caballo a las rejas
y se hinca de rodillas,
le rezó siete rosarios
sin alzar la vista arriba.
De los siete pa los ocho
salió la Virgen María.
¿Cuánto diera usted, don Juan,
si volviera en sí la niña?
-Daría limosna a los pobres,
iría a misa tolos días...
Y estando en estas palabras
ha vuelto en sí la niña.
La cogió por la cintura
y a su casa la volvía,
y en el medio del camino
se encontró con la justicia.
-La niña es para don Juan,
que la tiene merecida,
y si no es para don Juan,
vuelva a morirse la niñaeres